Vivir en un bloque de edificios siempre es una experiencia. Compartir tu vida en una misma edificación con otras familias puede resultar bastante intenso si las condiciones no son las mejores. Más de una vez se ha dado el caso de que un bloque de apartamentos se ha convertido en una zona de guerra por culpa de los problemas surgidos entre los vecinos (si no echadle un vistazo a ‘La que se avecina’).

Tirarse los trastos a la cabeza con la del cuarto o robarle el felpudo a los del segundo es algo bastante más común de lo que sería recomendable. Esto puede ser una tragedia, pero también le da algo de ‘jugo’ y ‘diversión’ a nuestro paso por una existencia que, de otra forma, puede resultar demasiado monótona y aburrida.

Es verdad también que si estas cosas pasan por el día, puede que no nos sintamos tan afectados, pero si ocurren de noche, cuando estamos durmiendo y recuperando las energías que hemos gastado durante el día… la cosa cambia bastante y puede que nos salga el demonio que llevamos dentro.

Os contamos todo esto para que entendáis mejor la historia que os traemos el día de hoy. Todo empezó cuando, hace apenas unas noches, un vecino de un bloque de apartamentos de Sevilla la lió bastante a altas horas de la noche.

El joven, según explicó él mismo en una carta que os dejaremos más adelante, tuvo un problema con la cerradura de su domicilio, por lo que tuvo que llamar a un cerrajero para que pusiera remedio a su problema.

Este, por lo que se ve, causó muchísimo ruido y, por consiguiente, perturbó el sueño de casi todos los vecinos del edificio. Evidentemente él no hizo nada con mala intención, pero lo cierto es que no se sentía tranquilo por el malestar que había provocado.



Así pues, unos días más tarde, dejó una carta colgada en la entrada del edificio dirigiéndose a todos sus vecinos y, por lo que podemos ver en el documento, estos no tendrán ningún problema en perdonarlo, sino todo lo contrario: la explicación (y solución) que les ha dado el joven les ha alegrado el día.

“Me quería disculpar por todo el ruido ocasionado esta pasada noche. Me vi obligado a llamar a un cerrajero y tuvo que usar un talador para que pudiera entrar en casa”. Así empezaba la carta y, como bien veréis, es complicado no empatizar con él: ¿a quién no le ha pasado esto alguna vez?

“Espero acepten mis disculpas, pero sé que a veces no es suficiente; así que abajo he dejado unos vales para usar ‘esta semana’. Coja uno si aún está molesto y llame a mi timbre bien tarde en la noche, páselo por debajo de la puerta y así sabré que otra cuenta está saldada”. ¿Es posible ser más honesto y justo? La verdad es que, algo tan extremo no hacía falta, ya que el pobre joven no tenía culpa de nada. Pero él estaba dispuesto a aceptar un castigo con tal de compensar su ‘falta’.

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“Pedir disculpas piso por piso me parecía molestar doblemente. P.D. No hagáis más vales por vuestra cuenta cuando se vayan acabando, jejeje. Sinceramente”. Si es que con un sentido del humor tan bueno… es imposible enfadarse con él.

Aquí os dejamos la carta en cuestión:

A vosotrxs, ¿qué os ha parecido esta particular forma de pedir disculpas? ¿Vosotrxs lo perdonaríais o gastaríais vuestro ‘vale’? Dejádnoslo en los comentarios de Facebook. 

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Fuentes: HuffingtonPost, ABC.

 

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